La selección de un sistema eléctrico para minería exige evaluar mucho más que la tecnología disponible. Ciberseguridad, condiciones geográficas, continuidad operacional, escalabilidad y gestión de activos son factores que pueden marcar la diferencia entre una operación resiliente y pérdidas por detenciones no programadas.
En minería, la disponibilidad de energía eléctrica es uno de los activos críticos del proceso productivo. Una interrupción del suministro no sólo detiene la operación, sino que también obliga a revisar equipos, restablecer procesos y recuperar gradualmente la capacidad productiva, generando importantes costos para la compañía.
Por ello, la selección de los sistemas eléctricos se basa en un análisis integral de los riesgos y necesidades futuras de cada operación. Los proyectos comienzan con una evaluación técnica que va más allá de la selección de equipos. El análisis considera la disponibilidad requerida por la operación, las condiciones ambientales, la resiliencia frente a fallas, el riesgo de obsolescencia, el cumplimiento normativo y la capacidad de crecimiento futuro de la instalación.
El equipamiento adecuado para cada instalación debe ser cuidadosamente evaluado y seleccionado. “Para un cliente minero, por ejemplo, desarrollamos un proyecto de varios meses que permitió identificar los requerimientos específicos de su nuevo sistema Scada para la supervisión de todo su sistema eléctrico», explica Aldo Di Biase, gerente de la División Smart Grids de Tunning.
Diseñar para operar hoy y mañana
La disponibilidad del suministro eléctrico es clave para el desempeño en minería. Aunque alcanzar un 100% es técnicamente imposible, en Tunning Ingeniería el estándar apunta a niveles cercanos al 99,95%, lo que exige la capacidad de aislar fallas y una rápida recuperación de la operación.
A ello se suma la necesidad de anticipar el crecimiento de las instalaciones. «La clave es dimensionar desde el inicio los posibles crecimientos del sistema para que posteriormente puedan desarrollarse sin inconvenientes», señala Di Biase. De esta forma, un diseño adecuado evita futuras migraciones tecnológicas y nuevas inversiones en infraestructura crítica.
“Si una minera tiene 40 mil señales eléctricas conectadas a su Scada, pero piensa tener una expansión productiva que agregará otras 15 mil señales, el diseño y selección de los componentes debiese estar dimensionado a las 55 mil finales”, ejemplifica el ingeniero.
Los riesgos no siempre visibles
Las condiciones geográficas propias de la minería también condicionan el desempeño de los sistemas eléctricos. En general, los equipos más afectados son los de potencia, que tienen un derating por sobre los mil metros sobre el nivel del mar. “Este es un fenómeno conocido e internalizado en los proyectos nacionales desde hace muchos años” señala Di Biase. Por otro lado, el polvo presente en la mayoría de las faenas mineras puede afectar gravemente a los sistemas electrónicos, lo que exige instalar todos los equipos electrónicos en salas especiales, presurizadas y con filtros para el aire que ingresa.

Gerente División Smart Grids
Tunning Ingeniería
A ello se suma un desafío cada vez más relevante, el de la ciberseguridad. «Una instalación es tan insegura como el más inseguro de sus componentes», advierte Di Biase, al explicar que la convivencia entre tecnologías nuevas y equipos antiguos, junto con malas prácticas en la gestión de usuarios y contraseñas, puede aumentar significativamente la exposición a ciberataques.
Para el ejecutivo, la continuidad operacional no depende únicamente de la tecnología instalada. «Cada empresa debe identificar sus equipos críticos, definir una estrategia de mantenimiento y asegurar la disponibilidad de los repuestos necesarios para mantener la operación. Esa es la base de una adecuada gestión de activos», concluye.